“Debimos ejercer una fuerte resistencia a la brutal concentración de medios”

El periodista riocuartense Juan Carlos “Pipón” Giuliani condujo al Cispren desde diciembre de 1994 hasta 2005, un decenio difícil para los trabajadores de prensa, agredidos por un neoliberalismo que se materializó en la comunicación de Córdoba con el desembarco de grandes grupos económicos y la instalación de un discurso periodístico sin espacios para lo popular y las luchas sociales.
Por Alexis Oliva

El periodista riocuartense Juan Carlos “Pipón” Giuliani condujo al Cispren desde diciembre de 1994 hasta el mismo mes de 2005, un decenio difícil para los trabajadores de prensa, agredidos por un neoliberalismo que se materializó en la comunicación de Córdoba con el desembarco de grandes grupos económicos y la instalación de un discurso periodístico donde casi no hubo espacio para lo popular y las luchas sociales. Esa nueva realidad se tradujo en el avasallamiento de derechos laborales y profesionales y en una conflictividad inédita en la historia del gremio.

A contramano de ese contexto, el ex militante de Montoneros y preso político en los 70 imprimió a su gestión un sello ideológico que procuró reforzar la identidad de clase de los trabajadores de prensa y comunicación. Además, Giuliani y Guido Dreizik -quien sería su sucesor- impulsaron el enrolamiento del Cispren en la Central de Trabajadores de la Argentina (CTA). El fundamento de este paso fue que el gremio de los comunicadores no debía cerrarse en sus reivindicaciones sectoriales, sino participar además en “la construcción de una sociedad más justa, libre y solidaria, integrando un colectivo que interprete y ejecute una estrategia política al servicio de los intereses de la clase trabajadora”.

–¿Cuáles han sido los conflictos gremiales emblemáticos que afrontó el Cispren en ese período?

–A nosotros nos tocó conducir el Cispren en medio de la oleada neoliberal del menemismo. La entrega -por intermedio de la ex legisladora nacional Leonor Alarcia- de la vieja LV3 que pertenecía al Estado Nacional al grupo privado que hoy gerencia Cadena 3; el pasamanos fraudulento en LV2 durante y después del gobierno de Eduardo Angeloz; el desembarco de propuestas editoriales cargadas de aventurerismo político como fue Página/12 Córdoba, donde eran socios Angeloz y el empresario Fernando Sokolowicz; los desaguisados que hicieron algunas conducciones universitarias con los SRT (Servicios de Radio y Televisión de la Universidad Nacional de Córdoba), o el desembarco del Grupo Clarín en Córdoba, quedándose con La Voz del Interior y Canal 12, fueron todos conflictos en los que quedaron compañeros en la calle y hubo que tener una fuerte presencia de ánimo, organización y capacidad de resistencia gremial para subsistir a la brutal concentración de medios que se fue dando en la provincia como un reflejo de lo que ocurría a nivel nacional. Diría que el tema de La Voz fue el más complejo y más grave, entre “retiros voluntarios” y despidos directos perdimos más de 200 trabajadores de prensa. Nosotros padecimos en carne propia el fenómeno del monopolio informativo.

–En estos treinta años del Cispren, ¿cuáles fueron los hitos de la lucha por la libre expresión en Córdoba?

–El Cispren junto a la Escuela de Ciencias de la Información (ECI) de la UNC y otras organizaciones estuvo siempre en la vanguardia de la lucha para garantizar la libertad de expresión en Córdoba, permanentemente vulnerada tanto desde el poder político y económico como desde los grandes medios que recurren a la censura y promueven la autocensura de sus periodistas. Más aún, el Cispren fue fundador de la Comisión de Control y Defensa de la Libertad de Expresión y del Derecho a la Información (Comipren). El 2 de julio de 2004 quedó conformada la Comisión Ejecutiva de la Comipren: Miguel Rodríguez Villafañe (abogado especialista en Derecho de la Información); Jorge Conalbi (medios del interior, Nuevo Sumario de Alta Gracia); Ernesto Ponsati (medios de Córdoba Capital, Hoy Día Córdoba); María Eugenia Taquela (legisladora provincial); Agustín Di Toffino (organizaciones sociales, H.I.J.O.S.); Alexis Oliva (Cispren); y un representante de la ECI de la UNC. Cada vez que un trabajador de prensa y comunicación fue víctima de algún atentado a la libertad de expresión con motivo de su trabajo, el Cispren denunció el hecho, respaldó al compañero y demandó de las autoridades que resguarden la debida seguridad personal y de los medios de trabajo de los compañeros agredidos. También presentamos en la Legislatura proyectos de leyes durante distintos períodos de gobierno que apuntaban precisamente al resguardo del trabajo profesional y la defensa de la libertad de prensa y el derecho a la información.

–¿Qué aspectos institucionales caracterizaron su paso por la secretaría general?

–Durante mi gestión el Cispren se provincializó, esto es, crecimos en delegaciones y seccionales; y en el año 1995 lanzamos Prensalud, nuestra propuesta de salud solidaria a través de la Obra Social de Empleados de Prensa. Desde siempre entendimos que el poder de representación entre los trabajadores de la actividad lo concede la territorialización de la organización de los trabajadores de prensa y comunicación. Desde ese punto de vista, durante mi mandato pusimos especial énfasis en darle envergadura a las seccionales y delegaciones del Cispren en toda la provincia. De hecho, en la reforma al Estatuto del gremio, además de modificar el nombre de la organización que pasó a denominarse Círculo Sindical de la Prensa y la Comunicación de Córdoba, incorporamos un artículo que establece un ámbito de debate institucional que debe reunirse por lo menos cada 45 días integrado por la Comisión Directiva provincial del Cispren, los secretarios generales de las seccionales y los delegados regionales, para poner en común el plan de acción del gremio en toda la geografía cordobesa.

–¿Qué caracteriza la subjetividad ideológica del trabajador de prensa?

–La objetividad y, por lo tanto, la neutralidad no existen. Cada uno es cada cual y opina según su concepción del mundo, la gente y las cosas. En mi condición de trabajador de la comunicación escribo con absoluta pasión y subjetividad, descreído de la imparcialidad con la que disfrazan su discurso resignado y posibilista los corifeos del sistema. Pertenecemos a un gremio castigado, perseguido, silenciado: durante la dictadura oligárquico-militar se registraron más de cien trabajadores de prensa y comunicación detenidos-desaparecidos por su resistencia a la tiranía. Somos artesanos de un oficio que tiene, desde sus orígenes, múltiples ejemplos de entrega y compromiso con la causa de la clase trabajadora. No está de más recordar que entre los mártires de Chicago figuran tres periodistas: Adolf Fischer, alemán, 30 años; Albert Parsons, estadounidense, 39 años y Hessois Auguste Spies, alemán, 31 años.

–¿Cómo se vincula esta cuestión con la acción sindical de la organización?

–Luchamos a brazo partido en la disputa de la renta a los grupos económicos propietarios de la inmensa mayoría de los medios de comunicación. En esta pelea desigual, el salto cualitativo lo marca el grado de organización alcanzado por los compañeros en cada lugar de trabajo. Desde esa plataforma, se construyen la libertad y la democracia sindical y se interpela el poder para demandar nuestros derechos salariales, laborales, de seguridad y medio ambiente. En muchos lugares del país ni tan siquiera se respeta el piso mínimo que establece el Estatuto del Periodista Profesional (Ley 12908) y el Estatuto del Empleado Administrativo de Empresas Periodísticas. Esa realidad de precarización y flexibilización laboral es la que no nos bancamos y venimos a modificar. Estas mismas patronales expertas en la superexplotación de los trabajadores de prensa y comunicación, que se llenan la boca con la libertad de prensa –de empresa–, son las que actúan con mano de hierro para disciplinar a los periodistas en la réplica del discurso hegemónico funcional al régimen. Este dispositivo, utilizado a veces con “manu militari” y otras por vías más persuasivas pero igualmente efectivas, naturaliza la práctica de la censura y autocensura, premia a los más obedientes y castiga y manda al freezer a los que se animan a luchar para poder ejercer el derecho a la libertad de expresión, prácticamente inexistente en los grandes medios.

De la CTA a la ley de medios

Actualmente, Juan Carlos Giuliani es vocal del Cispren y secretario de Relaciones Institucionales de la Mesa Nacional de la CTA que conduce Pablo Micheli. Por un plebiscito realizado en 1998, se determinó que el gremio se sumara a la Central, de la que en Córdoba fue secretario general entre 2000 y 2006, reelección mediante en el año 2003.

991–¿Cuáles fueron las razones para que el Cispren se incorpore a la CTA?

–En diciembre de 1998 y junto con la elección de renovación de autoridades del Cispren decidimos convocar a un plebiscito para que nuestros compañeros decidieran en qué central sindical iba a enrolarse el gremio. Por escasa diferencia de votos se impuso la decisión de incorporarnos a la CTA, seguida de cerca por la otra opción que era “no alineados” y lejos, muy lejos, la tercera alternativa que era la CGT. Eso nos permitió desarrollar una política de carácter integral con otras organizaciones sindicales, sociales y territoriales de la provincia a la vez que articular acciones a nivel nacional. Luego que el Cispren se desafiliara de la FATPREN (Federación Argentina de Trabajadores de Prensa) y con posterioridad a algunas iniciativas de reagrupamiento de gremios de prensa que no terminaron de cuajar, lanzamos la Federación de Trabajadores de la Cultura y la Comunicación (FETRACCOM-CTA). Nuestra incorporación a una central apuntaló la convicción y conciencia de que somos trabajadores, pertenecemos a la clase y para lograr nuestros objetivos liberadores hay que aportar a construcciones colectivas. En este caso a la Central de Trabajadores de la Argentina.

–¿Cuál fue la participación del Cispren en la lucha contra el decreto ley de radiodifusión de la dictadura y por una Ley de Medios de la democracia?

–Desde la fundación del Cispren en 1984, fue una de nuestras principales banderas de lucha terminar con la Ley de Radiodifusión de la dictadura. Después de muchos años, y ante el proceso de concentración multimediático, con sus consecuencias de precarización y flexibilización laboral, junto a un centenar de organizaciones sindicales, sociales, académicas y culturales fuimos parte en el año 2004 de la redacción de los 21 Puntos para una Radiodifusión Democrática. Ese material sirvió de base para la sanción, en octubre de 2009, de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, que puso fin al decreto ley de la dictadura firmado por las manos ensangrentadas de Martínez de Hoz, Harguideguy y Videla. A propósito de la herencia dictatorial, me gustaría subrayar que durante uno de mis mandatos, y luego de que tomara estado público, una asamblea general del Cispren expulsó de nuestro sindicato al periodista Carlos Revello (S-17), por haberse desempeñado como agente de los servicios de inteligencia del Tercer Cuerpo de Ejército que manejaba el genocida Luciano Benjamín Menéndez durante la tiranía oligárquica-militar.


 

Por Alexis Oliva
Periodista